domingo, 15 de noviembre de 2009

Capítulo VI: A las rocas me ofrezco

Los días pasaron impasibles, mientras el camino discurría infinito bajo las pisadas de los caminantes, una pared rocosa se extendía enfrente, obstruyendo el paso, ningún valle la rasgaba, dos compañeros escogieron escalarla.

Aquella mañana había amanecido con un cielo limpio y Cradum se había sentido como una pequeña mota en medio del océano, era increíble la insignificancia de uno respecto al universo. Al principio, como es natural a esas alturas y en esa época del año hacía frío, pero a medida que pasaban las horas el calor se tornaba insoportable, Nomir llegó incluso a sufrir una insolación, llegó un momento en que cayó exhausto, desmayado. Cradum le había dado un poco de agua y le había atado un pañuelo en la cabeza, igual que hacía él, más propenso al sol por su calva. Pero lo peor de todo era la humedad, daba la sensación de que aquella hierba verde, aquellos bosques alpinos impedían la salida del agua evaporada, formando una capa de humedad entre el suelo y el cielo, ahogando a los indeseados, dificultándoles la respiración.

Una vez se hubieron puesto de nuevo en camino llegaron a paredes calizas casi verticales, afortunadamente el agua a lo largo de los siglos había formado numerosos canales y huecos, y la escalada no era complicada en absoluto, lo malo era que para un no iniciado en ello era, cuanto menos, escalofriante.

-Bonita montaña, ¿no te parece, Nomir?-ironizó Cradum-¿no te gustaría escalarla?

-Me encantaría-respondió Nomir, quien tras unos cuantos días estaba empezando a dar muestras de seguridad e incluso de temeridad.

-Creo que es mejor que lo dejemos aquí por hoy, porque aunque todavía faltan unas dos horas para que se ponga el sol y nos daría tiempo suficiente para llegar arriba, en la cima tirará un viento terrible de noche, y si ya hace frío por aquí...-se encogió de hombros-

-Por mí de acuerdo-concluyó Nomir-


Ekl libro parece haber adquirido un nuevo impulso, en la editorial, el autor ha trabajado una barbaridad en la revisión y parece que pronto entrará en maquetación

martes, 27 de octubre de 2009

Capítulo V: Comienza el viaje, el camino se cierne

Una brisa suave y fría acariciante, muerta la cara, cerrados los ojos. En barro hundido y oscuridad acechante. Hierba que susurra, olor húmedo que se cuela en lo más recóndito del alma. Cradum abrió los ojos, al principio no vio nada, nada salvo una niebla enceguecedora que le nublaba la vista, no sabía quién era ni dónde se encontraba; bien podía estar en lo alto de alguna montaña inalcanzable, cual barrera unificada contra todo lo existente, bien podía encontrarse en una playa salina, o bien podía incluso, no estar. Cradum notó una nausea y se obligó a cerrar los ojos, levantó un brazo, notando cómo se despegaba del barro y se lo pasó por la frente, entonces un pinchazo, leve en principio, le subió por la espalda, convirtiéndose en un estallido de dolor, que le obligó a gemir y a retorcerse en el suelo, comprendió que estaba herido. Volvió a abrir los ojos, y la niebla que los cubría desaparecía, pero pronto una presión incontrolable se adueñaba de su cabeza, mas pudo vislumbrar dónde se encontraba; una bella llanura ante sus ojos se mostraba encharcada, una tormenta la había invadido, rompiendo su singular calma. Entonces una luz se encendió en la mente de Cradum, comprendió al fin qué había ocurrido, y llevado por un impulso de supervivencia se incorporó para sentarse, sintiendo tantos dolores que no sabría decir qué se había roto, con una mano apoyada en el suelo y otra sujetándose la cabeza por la frente, como si su peso fuera insoportable, observó la quietud de la llanura, pero no vio a sus agresores, ello lo tranquilizó en cierto modo. Lo malo era la noche que se avecinaba, no le agradaba la idea de quedarse ahí a pasarla, así que con un sobrehumano esfuerzo se levantó. Más allá se extendían unas montañas que se prolongaban hacia el cielo, techadas de oscuras nubes. Cradum difícilmente se tenía en pie, y dio gracias de que hubiese algún árbol perdido antes del bosque, que todavía estaba a una considerable distancia, que se alargaba más al encontrarse herido. Agarró una rama caída por la tormenta a los pies de un saludable roble y se encaminó hacia la pared de árboles.


Continúo con el comienzo de un capítulo más, ya figura el autor en la lista de la editorial pero aún no tine fecha fijada para maquetación, él continúa con su trabajo y un máster por ,o que dispone de mucho menos tiempo para escribir.

domingo, 4 de octubre de 2009

Capítulo IV: Los jinetes de insólitas monturas

Esa misma noche ya estaban hechos los preparativos, el cielo estaba despejado y no hacía demasiado frío. Dos personas se encontraban en la salida del pueblo. Cradum tenía la vista perdida en la vasta llanura que debían atravesar, solitaria y oscura; repasaba cuidadosamente sus planes con su mente calculadora, le gustaba tener cada detalle previsto, por muy insignificante que fuera; había decidido partir de noche por esa misma razón, ante la certeza de que muchos ojos serían cegados; en la llanura era muy fácil ser visto. Cradum planeaba llegar al bosque de Lindlum, en cuyas profundidades se ocultaba la fortaleza de Mulogan, el nigromante, antes del amanecer. Se oía el chirrido de los grillos, así como el ruido de un arroyo cercano. Un olor a lavanda flotaba en el ambiente.

Nomir se paseaba impaciente, montado en su caballo. Cradum le había dicho que lo mejor sería que se bajase y descansase, pues le quedaban horas de cabalgada intensa por delante; pero no le hizo caso, o no pudo hacérselo debido a sus nervios. Nomir sentía la vida corriéndole por su interior, parecía que la fría nieve que congelaba su alma empezara a derretirse junto con la llegada de la primavera, montando su caballo, la espada colgando y rechinando metálicamente en un costado, se sentía alguien importante. Todo se lo debía a su amigo Cradum, que había logrado no sin esfuerzo convencer a Krulem. La cuestión era que Naram necesitaba hombres jóvenes, valerosos y decididos. Nomir pensó en los malaki y un instintivo sentimiento de venganza se apoderó de él, derritiendo aún más su hielo interno, pero provocando con ello intensos torrentes que alimentaron su ira. Cradum le había hablado del peligro que residía en tal sentimiento, puesto que el odio y la venganza eran de los sentimientos más fuertes que existían, e impedían ver las cosas con claridad y ofuscaban el cerebro, pero Nomir no podía construir desvíos ni presas para contener la inundación de emociones de su alma, no ahora que ya había comenzado. Desechando todo esto, pensó ahora en las ganas que tenía de aprender el arte de la espada, ya que su interés por ello se remontaba mucho tiempo atrás, cuando empezó a usar a escondidas las viejas armas del padre de Krulem. Ahora por vez primera poseía un espadón de acero decente y una daga corta.



Sigo poniendo el comienzo de cada capítulo, el proceso de reajuste de texto, entre la editorial y el autor, aún no ha finalizado, mientras el autor ya ha registrado un segundo libro, que pertenece a una saga prevista de tres de los cuales esrte es el primero, el autor está trabajando, en prácticas, aquí cerca de Oviedo y comenzará un master en breve, lo que hará que no pueda contiinuar con el tercer libro al ritmo que lo ha hecho últimamente.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Capítulo III: Cradum tiene algo que decir

Kfindir se encontraba sola sentada en su butaca preferida. Lo cierto es que era una verdadera obra de artesanía; estaba realizada a base se corís de los bosques, una rara especie de árbol pocas veces vista, tan pocas que incluso los había que negaban su existencia y afirmaban que todos los objetos fabricados con esa madera sólo representaban un intento de estafa. Mucha gente era la que había intentado encontrar algún ejemplar en las profundidades de los bosques de un lejano país, pero muy pocos eran los que lograban salir con un pedazo de madera de corís.

Pero el valor de este árbol no es sólo de coleccionismo, además tiene unas características que lo hacen deseable por cualquier artesano: la madera se trabaja bien, es de un color marrón oscuro, y dura mucho tiempo, incluso a la intemperie puede resistir las adversidades durante más tiempo de lo que el mismo material de cualquier otra especie arbórea podría soportar. Dejando a un lado las cualidades de la madera de la butaca de Kfindir, pasaremos a exponer el elaborado diseño, las patas estaban salpicadas de preciosistas motivos a base de hojas de árboles, para pasar a las flores que adornaban los brazos. En la espalda de la silla se podía contemplar un gran ejemplar de dragón pintado de rojo con las alas extendidas, amenazador. Por si eso fuera poco, la butaca había pertenecido a la ya difunta madre de Kfindir, la cual también la utilizaba para coser, dotándola de un merecido valor sentimental.


Ya sabéis voy poniendo, el comienzo de los capítulos, de momento para que se vaya viendo un poco del libro,

lunes, 27 de julio de 2009

Capítulo II: Que trata de cómo Cradum y Nomir conocen al misterioso Kjata.

El sol de la tarde se colaba al interior de la posada de Naram tras librar una extensa batalla contra la mugre y las telarañas, para posarse sobre la húmeda madera y bañar a los clientes. El trinar de las aves se oía alrededor, brindando paz a los campesinos que tenían la paciencia para pararse y escuchar a la naturaleza. Krulem no era una de esas personas; siempre había sido muy nervioso y todavía más desde el incidente recientemente acaecido. No sabía si alegrarse o llorar; se daba cuenta de lo que podría significar aquello, era una de las extrañas ocasiones en que alguien se había rebelado contra los malaki. Krulem sabía eso, así como también sabía que corría peligro, que todo el mundo en el pueblo corría peligro, ya que los malaki darían la voz de alarma por sus compañeros perdidos y se pondrían a investigar, y entonces nadie estaría a salvo.

Sin embargo, no podían pasarse así toda la eternidad, algo como aquello se veía venir. Entonces se movió hacia la mesa que ocupaba el ya menos agotado Cradum y su hijo, que lo custodiaba.

—Muy bien, muchacho, ¿qué piensas hacer ahora? —dijo mientras se sentaba al lado de Cradum —, tendrás idea del alcance de lo que has hecho, ¿verdad?

—Sí, no te preocupes, yo lo arreglaré —su sonrisa apareció, pero estaba velada, incluso a ella le costaba demasiado salir a la luz.

Krulem dejó escapar el aire por su nariz, algo confuso por la presuntuosidad de Cradum al pensar que él solo se bastaría para solucionar aquel grave problema.

El silencio llenó la estancia, el joven miró a su padre y éste, percatándose de lo que aquello significaba, se dio una palmada en la cabeza, como acordándose repentinamente de algo. Carraspeó y dijo:

—Por cierto, el individuo al que le salvaste la vida, que nos ha metido en este lío, y por quien casi no salimos vivos... —hizo una pausa dirigiéndole una mirada cargada de reproche al joven — es mi hijo, Nomir.

—Encantado —respondió Nomir, visiblemente afectado.

—Bien, yo soy Cradum, aunque ya conocías mi nombre


Continúo dejando el comienzo de los capítulos, el tema de reajustes, ahora mismo, está algo parado por las vacaciones, el autor ya ha leido su proyecto, con muy buena nota,por lo que ya es Ingeniero Químico

martes, 7 de julio de 2009

Capítulo I: Cradum nat Domir

Dredis entró como una exhalación y se dirigió lentamente hacia el salón de estar, donde se encontraba el herido en una especie de improvisada cama construida a base de un colchón de plumas y una colcha de pana, además de dos mantas de suave lana. El mago advirtió el vendaje del hombro, lo manipuló con gran habilidad y dejó escapar un murmullo de aprobación. Kfindir había seguido al mago a la estancia y vigilaba de cerca sus movimientos. El mago retiró con cuidado los vendajes, un fuerte olor a sangre y especias llenó la habitación:

—Hmmmm... —murmuró —se trata de un tajo de arma pesada en el hombro izquierdo, esas heridas suelen ser mortales, teniendo en cuenta el gran flujo sanguíneo en la zona... —dijo más para sí mismo que para la mujer.

—Eso... eso significa... —aventuró tímidamente Kfindir.

—Que debería haber muerto —respondió el mago con brusquedad



El libro continúa aún en proceso de ajuste, por lo que voy poneindo pequeños trozos del mismo, espero que os guste, más adelante seguramente ampliaré algo más

miércoles, 17 de junio de 2009

Prólogo


Amanecía un día despejado sobre las llanuras suavemente curvadas de Ad-Narión, la primavera había llegado sorprendentemente pronto aquel año y el lacerante calor ya obligaba a colgar el abrigo y a utilizar el tusak en su lugar, prenda típica de la región constituida por algodón y que podía llevar mangas cortas. El núcleo urbano más importante era considerado el poblado de Naram. Sus habitantes, dedicados a las tierras en su mayoría, habían tenido que trabajar largas horas durante el crudo invierno; pero ahora veían su descanso en el cálido sol matinal.

Un suave olor a barro húmedo mezclado con hierba machacada se filtraba por las rejillas de una de las ventanas de la casa de Kfindir, una agradable mujer de unos cuarenta años, pelo castaño recogido con un pañuelo naranja bordado de margaritas, unas flores abundantes en aquellas praderas. Esa mañana de principios de marzo se había levantado de la cama bastante antes de lo acostumbrado, el motivo era un extranjero que el día antes habían traído al pueblo herido en un hombro, desde entonces se acordó que Kfindir se encargase de su cuidado debido a su buen conocimiento de las hierbas curativas. Durante generaciones, Ad-Narión tuvo una gran tradición con las hierbas aromáticas: lavanda, romero, menta, hierba-luisa, valeriana... son sólo algunos de los ejemplos de plantas cultivados por los habitantes de la región; preparan las tierras y las siembran a finales del invierno, y en el verano ya pueden obtener los primeros resultados, sobre todo hay que destacar la flor de la luna; la cual florece de noche y resulta tremendamente útil para cicatrizar las heridas, y además tiene un toque analgésico.


Este es el comienzo del prólogo, espero que os vayan gustando los fragmentos que voy poniendo aquí